Alcaraz triunfa en Tokio, ganando su 27º título
Alcaraz regresa a la cima con su 27.º trofeo en Tokio
En el Ariake Coliseum de la capital japonesa, Carlos Alcaraz volvió a demostrar por qué es uno de los favoritos del circuito mundial. El español, actualmente número 3 en el ranking, se coronó campeón del ATP 500 de Tokio tras vencer al checo Jiri Lehecka por 7‑6(4), 6‑4 en la final, consolidando su tercera victoria del año y su 27.º título profesional.
El triunfo tras una lesión que marcó su temporada
La victoria llega pocos meses después de la lesión de muñeca que lo mantuvo fuera de la acción durante más de cuatro meses. En su declaración, Alcaraz comentó: “Estoy muy feliz de poder levantar un nuevo trofeo. Ha sido un proceso de superar pensamientos negativos, pero mi equipo sabía que volvería sano al cien por cien.” La remontada en el torneo, que incluyó un set inicial complicado contra Julius Munar y una recuperación notable en la final, demuestra su capacidad de resiliencia y adaptación.
Impacto en la clasificación mundial y en las ATP Finals
Con los 500 puntos obtenidos, Alcaraz se posiciona en el podio de la Race 2026, superando a Ben Shelton y situándose detrás de Alexander Zverev y Jannik Sinner. Los cuatro jugadores están matemáticamente clasificados para las ATP Finals de Turín (15‑22 de noviembre). Aunque Zverev anunció su baja por lesión, la victoria de Alcaraz garantiza su participación y refuerza su posición como favorito de la temporada.
Ganancias económicas y récords personales
El campeón se llevó un talón de 764.750 dólares en premios, elevando su acumulado a más de 66 millones de dólares en la carrera. El premio de Lehecka, segundo, fue de 330 puntos y 411.480 dólares. La cifra confirma la solidez económica del circuito y la importancia de los torneos de nivel 500 en la carrera de los jugadores.
Comentarios sobre la partida y la atmósfera en el estadio
El encuentro se disputó en un estadio casi vacío por la tarde, pero la presencia de seguidores locales y la energía del público contribuyeron a un ambiente memorable. El juego de Alcaraz mostró su “instinto depredador” y su capacidad de “desborde de golpes” con toques “mág