Deporte y protesta: el naranja se torna símbolo en Riazor
La protesta naranja se viste de color y de silencio
El día 17 de agosto, el estadio de Riazor se transformó en un mosaico de naranja. Afiliados y ultra de la zona Marathon Inferior y de otras partes del recinto llegaron con camisetas de ese tono para marcar su descontento frente al Deportivo y su directiva. La iniciativa, coordinada por la Federación de Peñas Deportivas y respaldada por Riazor Blues, buscó visibilizar la percepción de discriminación en el acceso y uso de la grada.
Motivo de la protesta: nuevas condiciones para abonados
Tras el ascenso a Primera División, el club incrementó el precio de los abonos y cambió las reglas de acceso a Marathon Inferior. Se prohibió la venta de abonos a quienes usaran carnet de animación, se introdujeron registros aleatorios y se retiraron asientos pertenecientes a abonados para crear ocho áreas VIP. Los aficionados consideran que estas medidas son una forma de “prisión de máxima seguridad” al estilo de Guantánamo, ya que restringen derechos básicos y generan un ambiente de control total.
La marea naranja y el silencio en la grada
Durante los primeros 40 minutos del partido, el ambiente fue casi silencioso, con muy pocos cánticos. Entre el minuto 40 y 45, se escuchó una voz colectiva que gritó “Aquí estamos los delincuentes”, marcando la única interrupción audible. El uso del color naranja se convirtió en la señal visual más potente, haciendo que el estadio pareciera una gran ola de protesta que se extendió a lo largo de los 90 minutos.
Censura y polémica con la prensa
Al terminar el encuentro, periodistas presentes en la zona mixta solicitaron información sobre el ambiente. El club respondió con una postura evasiva, indicando que “esa pregunta no procede”. Este episodio provocó una acusación de censura hacia la prensa, ya que los medios se vieron bloqueados de obtener una respuesta directa al asunto que generó la protesta.
Controversia y diferencias entre fuentes
Algunos relatos señalan que la protesta se centró exclusivamente en Marathon Inferior, mientras que otros describen una cobertura más amplia del estadio, con seguidores en distintas secciones. Asimismo, hay que destacar que la información sobre la censura y la respuesta oficial del club varía ligeramente entre las diferentes cuentas. En cualquier caso, la narrativa común es la de una afición que exige un trato equitativo y transparencia por parte de la directiva.
Detalles logísticos y cifras
- Colas en taquillas: Los aficionados llegaron a las 8 h para conseguir una de las camisetas naranjas, que se vendieron a 5 € cada una.
- Asientos VIP: Se crearon ocho áreas nuevas que ocupan la mayoría de los lugares que antes pertenecían a abonados de Marathon Inferior.
- Asistentes: Más de 30 000 espectadores asistieron al partido, convirtiendo el estadio en un escenario de protesta visible para toda la audiencia televisiva.
Conclusión
La protesta naranja en Riazor encarna la fricción entre la afición y la gestión del club. El color se transformó en un símbolo de reivindicación y